Especial El Chikiplán

La llegada del invierno llena de felicidad a toda mi familia.

Es normal, dado que somos todos unas setas muy hogareñas. Con las lluvias, la niebla y la lluvia vertical, mis padres, (parece que) rejuvenecen. Así que, lozanos y animosos, nos refugiamos en nuestra casa, que no es más que un agujero a la vera de un pino… ¡pero qué calentita está! Y ya se sabe, la temperatura y la humedad son las mejores amigas de las setas.


Por tanto, no desesperamos, más bien al revés, en pasar la tardes viendo llover e intentando contar las gotas en las ventanas, dibujando monigotes en ellas o exhalando divertidamente el vaho sobre mi amigo Kevin.

Mientras, mi madre se regocija en sentir como la humedad le sube desde el empapado sustrato del bosque -a veces visitamos a la Tía Cantarela, que vive en La Laguna, y allí el invierno también es muy bueno-, y mi padre, que últimamente anda obsesionado con Sherlock, sólo bebe té, fuma en pipa y escucha música de cuerdas. Pero hay algo que nunca falla: cuando por fín mis amigos Kevin o Amanita, después de tomar chocolate con bizcocho, marchan para su casa, nos enfrentamos mi padre y yo en nuestra ritual partida de damas chinas, con música de lluvia y violines de fondo… ¡y para mí no hay nada más emocionante en el mundo!

 

Escrito por: Micelio Muscario



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